Jean Emar, traverse la tempête






“Me he sentado entre rocas: a mis pies las olas y todo cuando cantan los poetas.”

Juan Emar

Para escritores generacionales; una molestia indigna fue, estudiar derecho. Sobre eso, sabemos del praguense caso de Franz Kafka (por demanda  del padre), o del célebre autor ruso de Anna Karénina (El mensajero ruso, 1875-1877), Lev Tolstói. Por mencionar algunos. Sin desviar el horizonte del tema que incumbe. Álvaro Yáñez Bianchi (Santiago, 1893) fue un destacado artista de los cenáculos franceses del Montparnasse. Allí, junto a celebridades como el vitoreado Pablo Picasso, o más cercano a la jerga como lo fue, Vicente Huidobro, se construyeron pensamientos únicos perdurables en su movimiento. Hizo en Francia, su arte. Manifestándose al padre por su deseo de ser el artista de la familia¹. Tenía enorme visión matemática ². En la complejidad de su deseo, abundaban las críticas al arte academicista, se convirtió en un revelador crítico del arte chileno. Sobre los años de regreso a Santiago, asumió columnas en el diario La Nación defendiendo nuevas tendencias. Algo que irradiaba desesperación en el autor, por sobre todo, de la discriminación recibida tantos años. Camilo Mori, impulsor de la idea del grupo Montparnasse creyó a piel vivaz la categoría de su amigo Emar. La vanguardia del postimpresionismo o cubismo, se demostraban con ávida voz sobre las letras de un escritor escondido, inteligente, emocionado. Hasta generar, un impulso que tenía nervioso al mundo entero (en Chile). La literatura por eso años, en Santiago y el resto del país, abundaban al naturalismo, realismo proletario, humanizando aún más la desesperación del pueblo ³. Era un crimen hondarse en la continuidad, repitiendo una y otra vez la misma escala. A los escritores que causan un tipo de cambio, se les llama creadores. Jean Emar fue, entusiasta inefable. De todas las verdades (no soy crítico en el fondo), estuvo a un salto con la escritura. Sus narraciones extraordinarias, le tienden a transformar toda su personalidad. De tres obras (sé) AyerUn AñoMiltín 1934 (todas de la editorial Zig-Zag, y reveladas en 1935), diez ejemplares fueron enumeradas del uno al diez (según el autor) y fueron regaladas (tal vez), en papel pluma.  En esa obra, la prosa irradia. Contienen también ocultismo literario. Magnificación narrativa, con temas subjetivos donde nada queda fuera, sin antes pensarlo o imaginarlo. He ahí uno de los principales problemas ⁴. Lo modernista abunda, principia el caos del pensamiento y la razón del crítico. Además, tiene historias originales y muy inducidas por excelentes visiones del mundo. Una leve inspiración (tal vez) en Rudyard Kipling, por ejemplo, como Ayer Un año, y algunos de los cuentos de Diez, donde es visionada la relación hombre-animal. Narrativa donde Kipling se manejaba (The Jungle Book, 1894) o desde su, seca demostración a lo divino, como la obra (nombrada en Un Año) de Dante, la Divina Commedia (1300 aprox.) y la internacional obra de Cervantes (El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha, 1605-1615). Con seguridad, aburre a cualquier literario de la época, hoy, amantes de las letras le vitorean. Pero le harían ya otros genios la tarea de quitarle la vocación de artista revelador, como Dalí o Jean Cocteau (por nombrar unos pocos). Después de Diez, poco se supo; la magnífica obra de sus cuentos son inolvidables. Jean Emar, es posible, murió como el eterno pasaje de su libro Un Año, donde dice (que un amigo), murió sentado por tierra, las piernas encogidas, los brazos cruzados sobre ellas, en una pose de momia y bebedor de mate ⁵.



D.G.C
Abril, 2015





¹ En Santiago, de padres aristócratas, Jean Emar fue, presionado por su padre para estudiar derecho.

² En su libro Diez (Ercilla, 1937), podemos ver algunos cuentos estratosféricos. Léase Maldito Gato (págs. 29-82).

³ Naturalistas como el ya fallecido Baldomero Lillo (1987-1923), o Augusto d’Halmar (1882-1950). Este último el primer galardonado con el Premio Nacional de Literatura.

⁴ No es bien recibida la narrativa experimental. Como Kafka, Jean Emar es un adelantado en la época. Mucho antes que Borges (incluso), mucho antes (dicen las malas lenguas), que el praguense. Ya que, este último, se conoció sobre el periodo post segunda guerra mundial.  Al igual que Borges que recién, sorprendería en esos tiempos, con su obra El Jardín de los Senderos que se bifurcan (Editorial Sur, 1941) y mundialmente, con su colección Ficciones (Editorial Sur, 1944). Y Jean Emar, con tres obras en 1935, daría por jactancia sus escondidas páginas por los años  del 1920.

⁵. Parte de la vida de Jean Emar, acabó con su obra póstuma Umbral (1977-1996) su obra maestra. Lejos le han seguido a lo largo de los años, obras que hasta ahora habían sido inéditas, dibujos, pinturas y a contar. Quién sabrá si donde está, acabará diciendo “j’ en ai marre”. 


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