Clave de nuestra generación y otras cursilerías





"Chile es un país donde ser escritor y ser cursi es casi lo mismo."
Roberto Bolaño

Se supo que acompañado de un libro de Borges ¹, Roberto acabó por deshacerse literariamente. Todo lo que pensó no se sabe, excepto por un poema final (que desconozco). Ya en ese tiempo había perdido toda su jerga chilena, las típicas por lo menos, era inevitable. Escribía como español, como mexicano y como chileno; se conoce de su cosmopolita literatura. Amó por alguna razón las hazañas francesas ², quienes han terminado de ser los pocos de sus amigos en vida. También creyó que sus poemas nunca habían sido tan imponentes como los de su amigo Mario Santiago —hombre que leía hasta en la ducha—, decía él. Si se me es permitido pensar, creo que a Roberto le cayeron las flores del mal, de los que sufre un poeta enfermizo, quebradizo. Mucho de los buenos que tempranamente nos dejan, como el mítico John Keats o el simbolista Arthur Rimbaud. Sugiero siempre sin embargo, que Roberto es lo más legendario en las letras hispánicas del último tiempo. Estoy convencido, desde Los Detectives Salvajes (Anagrama, 1998), que prodigó sus aventuras vividas y otras inventadas. Con ese sabor dulce de la historia de la literatura universal. Una manejada obra narrativa de excelencia cortazariana (tal vez), e insultante, muy insultante. Esto último referenciado a la imbecilidad narrativa de los últimos tiempos.  Al final logró parte de su carrera siendo lo inefable que un escritor quiere ser siempre. Era un furioso crítico de la literatura actual ³, de eso, se supo por las pocas entrevistas que concedió. Otrora Bolaño intrigó con su versión literaria asemejándose a Borges. Para él la influencia de este último engendró su primer éxito, Literatura Nazi en América (Seix Barral, 1996), donde pone en duda nuestra veracidad y conocimiento sobre escritores que nunca existen. Desde ese momento juega con ello, es adorador de la ficción. En Llamadas Telefónicas (Anagrama, 1997) se puede sentir su angustiosa parte de la otra vida, la de estar, conectado con ella, la ciudad y, las interacciones. Los diálogos de Bolaño han sido muy distintos de otros, más simples, mejores a la vista, desde este cuento. Fue una obra que dio paso a muchas de las mejores. Por ejemplo en El Gaucho Insufrible (Obra póstuma, Anagrama, 2003), cuentos ya, extraños a su caótico fin. Determinamos aún su amor por la literatura Borgeana (me suena a, El informe de Brodie, Emecé, 1970), pero más simple por el hecho de que a Roberto no le gustó complicar tanto a su público. Tomo sin embargo, palabras de Vargas Llosa (reveladas en un documental), quien comenta el pesimismo que se le atribuía a la literatura contemporánea hispanohablante en los 90 (un ocaso), lo catalogaba como—un “mito”—, que mejor que él para decirlo y, que para leer a Bolaño, debías leer con anterioridad su obra, un escritor que moldea a su público. De allí, sus diálogos fáciles; entiéndame referido ya por el escritor desde un principio. Hay un antes y un después. Él surge (como escritor reconocido) de un quiebre internacional donde lo opaca la tecnología evolutiva, que velozmente irrumpe. Que causa un decadente síntoma de mala escritura y malas narraciones, equívocas todo el tiempo. Por suerte, no ha vivido hoy. Si estuviera, vería como nos sentimos los que escriben por el amor a la literatura. Él sabía antes de morir, que el joven de las calles, mal vestido y sucio, como un perro rastrero, que está leyendo un libro viejo, de un clásico universal, editorial desconocida, está más conectado con el mundo de las letras que uno ya sentado en una banca de la RAE. Es por eso finalizando, creo, Roberto fue uno de los más grandes escritores de la historia actual. Dejó llorando a medio mundo con 2666 (novela póstuma, Anagrama, 2004), porque no veríamos más de él, que sus interminables repeticiones de su obra y su generosa visión del mundo literario.

"Les recomiendo a los pocos seguidores que tengo en Chile, que roben mi próxima novela. Los libros son muy caros allá."


D.G.C
Abril, 2015
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¹ Una de las Obras Completas de Borges.
² Poseía una gran admiración por la obra de Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire, en otras dimensiones la obra de Paul Verlaine (Les Poètes maudits de Sáftsàck, 1884).
³ Demostró su antipatía por escritores contemporáneos como Isabel Allende, Antonio Skármeta, Luis Sepúlveda, Paulo Coelho, Arturo Pérez-Reverte, etc. Al cabo de los años, todos tenemos enemigos.

Roberto fue un asiduo ladrón de libros en DF. 

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